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Portada La Semana de Roquetas de Mar

Contenido de ejemplo: este artículo es de muestra, no es información real de la ciudad.

Cultura Patrimonio

El castillo que vigilaba la sal y ahora cuelga fotos

Se levantó para defender las salinas de los ataques berberiscos. Hoy es la sala de exposiciones grande del municipio y sigue medio vacía cualquier martes de febrero.

Marina Salvador miércoles, 5 de agosto de 2026 3 min de lectura
La piedra pone el contexto gratis: una muestra colgada en las salas del castillo.

El Castillo de Santa Ana está a pie de puerto, pegado al faro, en el tramo por el que pasa media Roquetas cuando sale a andar por la tarde. No está escondido. No hay que buscarlo. Y aun así hay vecinos que llevan veinte años pasando por delante y no han entrado nunca.

Merece la pena entrar. Entre otras cosas porque lo que hay dentro cambia cada pocas semanas.

Se construyó para guardar sal

La fortificación se levantó hace unos cuatro siglos con un objetivo muy práctico: proteger la sal. Las salinas eran la economía del sitio mucho antes del plástico y del hotel, y la costa recibía ataques berberiscos. El castillo era, literalmente, la caja fuerte del municipio. Hoy está protegido como monumento.

Su segunda vida, la que le importa al vecino de ahora, empezó hace ya más de veinte años, cuando reabrió como centro cultural. Desde entonces funciona como la sala de exposiciones de referencia del municipio: pintura, fotografía, escultura, ciclos que rotan, alguna muestra interactiva y una sala de proyección.

Un edificio que obliga a colgar de otra manera

Exponer aquí no se parece a exponer en una sala blanca. Los muros son de piedra, los techos mandan y la luz entra por donde le da la gana. Cualquiera que haya montado una muestra dentro lo cuenta igual: el castillo no se adapta al montaje, el montaje se adapta al castillo.

Eso, que sobre el papel es un incordio, es su mejor baza. Una serie en blanco y negro sobre el puerto viejo no se ve igual en un local del centro que entre estos muros. La piedra pone el contexto gratis. El problema aparece con lo contrario: la obra muy grande, muy digital, muy de pared lisa, aquí se pelea con el edificio y pierde.

Aquí la gente entra a ver el castillo y sale hablando de las fotos. Casi nunca pasa al revés.

Lo que hay, por partes

Para quien no haya subido nunca, esto es lo que se encuentra:

  • Las salas de exposición temporal, con ciclos que se relevan a lo largo del año.
  • El patio, convertido en auditorio al aire libre. Cabe menos gente que en un pabellón y se oye mejor que en casi cualquier sitio del pueblo.
  • El faro de Santa Ana, del siglo XIX, justo al lado y también con uso expositivo. El icono visual de Roquetas, el que sale en todas las fotos.
  • Las vistas: puerto a un lado, litoral al otro. Gratis.

La pega no es el edificio

El castillo funciona. Lo que no siempre funciona es que la gente se entere. La programación existe, rota y suele ser digna, pero se comunica en formatos que no llegan a quien solo mira el móvil de camino al trabajo. Si una exposición se monta durante tres semanas y el vecino se entera la última tarde, algo se ha hecho mal antes de colgar el primer cuadro.

La estacionalidad remata la faena. En agosto entra gente porque hay gente en todas partes: turista de la Urba, familia de visita, cualquiera que baje al puerto a cenar. En enero, el mismo edificio se queda para cuatro paseantes y un grupo de escolares.

"Yo vengo porque mi nieta hizo aquí un taller y me quedé enganchada", cuenta una vecina del centro que sube casi cada vez que cambia la sala. Es exactamente el mecanismo: se entra una vez por otra cosa y se vuelve por lo que hay dentro.

El castillo lleva cuatro siglos aguantando lo que le han echado. Aguanta también que se le visite un martes de febrero.

#castillo de santa ana#exposiciones#patrimonio#faro
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