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Portada La Semana de Roquetas de Mar

Contenido de ejemplo: este artículo es de muestra, no es información real de la ciudad.

Deporte Carreras populares

Los que salen a correr antes de fichar

Grupos que se juntan a las seis y media, entran a trabajar a las ocho y en noviembre se plantan en una media maratón. El running de Roquetas no se ve en las carreras: se ve entre semana.

Marina Salvador miércoles, 5 de agosto de 2026 3 min de lectura
El turno de las siete, camino de Las Salinas y con el faro a la espalda.

El grupo se junta a las seis y media en la misma farola de siempre. Son seis, a veces ocho. A las ocho menos cuarto se despiden y cada uno entra a su turno: dos a un almacén de manipulado, uno a una obra, otra a una peluquería. Llevan así tres años.

«Si no sales antes de trabajar, ya no sales», dice uno mientras se ata las zapatillas. En verano no es una frase hecha: a media mañana el termómetro deja de ser una opinión.

Correr en Roquetas es fácil y difícil a la vez. Fácil porque el litoral es plano y hay kilómetros seguidos de paseo sin un solo semáforo. Difícil por el viento: con levante la ida se hace sola y la vuelta te la cobran entera. Aquí casi nadie sale sin mirar antes por la ventana.

El circuito que todo el mundo tiene medido

Nadie ha puesto carteles, pero los tramos están medidos por costumbre y quien corre los nombra siempre igual:

  • Del puerto hacia Las Salinas. El clásico. Plano, con poca sombra y el faro a la espalda todo el rato.
  • El paseo de Aguadulce. Más ancho y más urbano. Es el de los que salen al terminar de trabajar.
  • La Romanilla y Los Bajos. Para tiradas largas y para los que prefieren la arena dura de la orilla.
  • Playa Serena. En invierno es de los de aquí; en agosto hay que zigzaguear entre toallas y patinetes.

Cada grupo tiene su hora y apenas se cruzan. Los de las seis y media entran después a un almacén o a una finca. Los de las ocho y media son jubilados y gente con turno partido. Los de las nueve y media de la noche, en julio, son los que no aguantan el calor ni con crema.

Correr sin llamarse corredor

La palabra "corredor" les queda grande a casi todos y ellos lo saben. En los grupos de mensajes del paseo se habla mucho más de rodillas, de plantillas y de a qué hora abre la cafetería que de marcas personales. Hay quien lleva ocho años saliendo y no se ha puesto un dorsal nunca.

Aquí casi nadie corre para ganar nada. Se corre para poder desayunar tranquilo.

Luego está el escalón siguiente. Un año alguien se apunta a la media maratón de noviembre y descubre que el circuito llano de casa, ese que pisa cada mañana, se pone larguísimo a partir del kilómetro quince. El itinerario suele ser el mismo para todos: primero salir a andar, después alternar andando y trotando, después una popular corta de las que se hacen en un rato y, un día, sin saber muy bien cómo, veintiún kilómetros y una camiseta de recuerdo que no se pone nadie.

Las carreras populares del municipio funcionan porque son eso, populares. En la línea de salida hay gente que va a pelear el podio y gente que va a terminar con su hijo de la mano. Nadie mira raro a nadie. Es probablemente lo mejor que tiene el atletismo de calle aquí.

Lo que sostiene todo esto

No lo sostiene ningún club. Lo sostienen tres o cuatro personas por grupo que escriben "mañana a las siete, en el sitio de siempre" aunque haya viento, y una costumbre muy roquetera: quedarse después. El café de después es la mitad del entrenamiento y la razón real por la que la gente no lo deja en enero, que es cuando se deja todo.

Si algún día pasas por el paseo a esa hora, fíjate en un detalle pequeño. Al terminar, casi nadie mira el reloj. Miran el mar dos segundos, resoplan y se ponen a hablar de otra cosa.

#running#paseo marítimo#carreras populares
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